
Rumi pasó el resto de su vida en Konya, dedicando su tiempo a las prácticas espirituales, a la enseñanza y a la escritura. Los frutos de su esfuerzo fueron dos obras maestras: el Divan-e Shams-e Tabrizi , un volumen de poemas de amor divino, y el Mathnavi , un clásico que narra miles de historias y parábolas, que ha sido denominado frecuentemente "el Corán persa" debido a su profunda repercusión. Rumi fue también el guía espiritual de miles de personas y fundó la hermandad Mevlevi de bailarines derviches, que siempre ha encarnado los trazos de su personalidad: humildad, compasión y amor por el prójimo.
El siglo XIII no sólo marcó el comienzo del Renacimiento en Europa, sino también el punto álgido de la cultura islámica. Fue la época dorada de su poesía y de su espiritualidad, con Rumi portando la corona gloriosa. Rumi fue heredero de una inmensa fortuna intelectual y espiritual. Sin embargo, su gran logro no se vio marcado por el sistema teológico que desarrolló (más bien, no ofreció ninguno), sino por su maestría al dar forma, a la luz de su experiencia personal, a todo el conocimiento que había heredado. Su psique se convirtió en un crisol en el que vertió la sabiduría de su época; y ahí, hirviendo en las profundidades de su alma, en la combustión de su intenso anhelo por Dios, el sufismo encontró su perfecta expresión.